El otro día un amigo me comentó que otros amigos habían organizado una muestra de cortometrajes, para exhibirlos al aire libre.Sin mucha publicidad en la convocatoria, llegaron a recibir cerca de 3.000 cortometrajes…
No es mala noticia que haya tanta gente haciendo cortometrajes, aunque muchos estén empezando y sean infumables. Pero, evidentemente, dada la limitación de la organización, resulta imposible poder visionar esas más de 50 horas de producción. Muchos, evidentemente, serán morralla, con escaso valor técnico o artístico. Pero no dejar de verlos todos podría significar perder más de una joyita.
¿Qué hacer?Algunos festivales con cierta solera limitan la admisión a los cortometrajes rodados en 35mm. Con eso, nos quitamos ya quizás el 95% de la producción. Pero esto no deja de ser poner un peldaño económico innecesario. Hoy en día, casi todo se rueda en digital, o se termina postproducciendo en digital, para conseguir una mejor calidad. Así pues, que te obliguen a pasarlo de nuevo a fotoquímico, no sólo se puede perder calidad, sino que supone un coste de entre 5 y 20 mil euros, que mejor podían estar invertidos en otra cosa.
Por otra parte, sí es cierto una cosa: si alguien se decide a realizar un cortometraje en 35mm, y sabiendo que eso significa partir con un mínimo de 12.000 euros, suele hacer producciones cuidadas: lo demás sería perder dinero. La estrategía para el cortometrajista digital sería aprovechar ese ahorro para invertirlo mejor en más días de rodaje, más medios, mejor ambientación, etc…, con lo que podría llegar a tener una producción aún más cuidada por el mismo precio.Sin embargo, esto evidentemente no es así. Ya que el coste inicial (el muro del primer plano) se reduce drásticamente con los medios digitales a prácticamente cero, la gente rueda cualquier cosa y de cualquier manera.No nos rasguemos las vestiduras. Todos hemos rodado cualquier cosa de cualquier manera en nuestros comienzos. Sólo que algunos, por aquello de la vergüenza torera, no queríamos compartir nuestros horribles primeros pasos, y metíamos aquellas cosas horribles en un cajón olvidado (era, además, contraproducente, si uno quería llegar a algo en la profesión).
Sin embargo, la generación Youtube tiene otro concepto. Todo se puede compartir. No sé si hay algo de narcisismo en todo ello, pero también hay generosidad y un deseo de acercarse a los demás, de comunicarse. Para algunos, la falta de calidad es sólo una excusa de la “vieja guardia”, y lo único que importa es la respuesta de los demás. Así que han de ser los demás quienes juzgen, y no los viejos intermediarios.
Nuevas preguntas para nuevos medios, desde luego.