Quise ayer comentar una noticia del día, y me vino al recuerdo otra, la del famoso ciego que dirigía una tele. Ojo, que no se trata de minusvalorar a un invidente, que los hay muy listos y bien preparados. Sólo sugería que si un invidente puede dirigir una televisión, también podría hacerlo un niño de 8 años. Sobre todo si el negocio televisivo es un “corralito” donde sólo se admite a unos pocos. La cosa se complica, claro, cuando la competencia aumenta. Ahora hay que ver si las televisiones están bien gestionadas o viven simplemente de un “corralito” con brutales márgenes de beneficio.Pero a lo que iba es al caso de Durán.
Tenía vagos recuerdos sobre lo que entonces se consideró un pelotazo en toda regla. Pero buscando información veo que hace un par de años hubo sentencia absolutoria. Justo es reconocer que Durán salió bien parado, eso por delante. Pero es que el tema da para más, para un retrato sociológico de este país y de su forma de hacer negocios. ¿Para un guión de cine? Pudiera ser. Por un lado, he encontrado esta entrevista impagable al citado Durán (magnífica hemeroteca, el Internet).
Aquí ya se observan dos cosas: una, que podía haber motivaciones políticas para el entonces emergente Berlusconi; dos, que recibió presiones (dice él) para vender a tal o cual; tres, que reconoce que al menos se embolsó 500 millones de pesetas por se intermediario. Quizás más, pero su mala memoria se lo impide. Es normal, si alguien me diera a mí 485 millones no sabría recordar esa cantidad…
Implicados Javier de la Rosa, Álvarez Alonso y otros, estamos en medio de la auténtica cultura del pelotazo de aquella España de los ochenta y primeros noventa, tan felipista (que conste que detesto a ese presidente por la trama de los GAL y por los corruptos ministerios de interior que montó: a mi lo del dinero me parece venal).
De la Rosa es un personaje igualmente impagable. Cuando le metieron en la cárcel, yo esperaba como todos que cantara. Media clase política temblaba…, pero no cantó. Tampoco lo hizo Mario Conde. Una pena, claro: llenaríamos miles de programas de cotilleo con éste (y considero las tertulias políticas dentro del género del cotilleo: rumores y opiniones más o menos infundamentadas realizadas por supuestos expertos en todo).
Sigo. Levantarse 500 millones por vender unas acciones de la empresa que uno gestiona, al parecer, no es delito. De la Rosa se da cuenta que ha pagado mucho más de lo valían y reclama parte de la comisión. Para él, claro, no para el fondo KIO que gestionaba. Entre pillos anda el juego. Además, al parecer, la compraventa de acciones no se hizo con dinero de ninguno de ellos, sino de la ONCE. Un bonito préstamo sin intereses ni beneficio. ¿Para qué arriesgar dinero propio si todo te lo avala otro? Así son los negocios, amigos…
Otro detalle es la indignación moral del señor Durán. Nunca declaró a Hacienda esos 500 millones, ¡pero eso es otra historia! El juez le debería juzgar por el tema del límite del 25% , no por nada más. Lo curioso es que tiene razón: sí señor, hay que exigir rectitud moral a los demás, porque exigírsela a uno mismo es demasiado trabajo.
Finalmente, en el año 2006 llega la sentencia: ¡16 años después de ocurridos los hechos, más de 10 después de la denuncia! Sólo por esa espera, yo los absolvía a todos. Yo y cualquier organismo internacional, que considera que una sentencia es injusta si tarda en hacer justicia. Otra de las lacras de este país en el que vivimos y que unir a esta bonita historia. Historia al que no podía faltar el señor Garzón.
Es éste un juez que me produce sentimientos encontrados. Tengo que aplaudirle su desmantelamiento del GAL, pero no sabría calificarle en otras muchas cosas. Un ejemplo es esta sentencia. Primero, por tardar tanto. Y segundo por esta perla: “Asimismo, recuerda que el Ministerio Fiscal basó su acusación en las pruebas de los informes periciales y la interpretación que los peritos hicieron de las cláusulas de los contratos y de las declaraciones de los testigos, pero recalca que “la valoración del tribunal debe basarse en las pruebas practicadas durante el juicio oral y en su propia percepción y racional ponderación”. “Los peritos pueden auxiliar al tribunal, pero no constituir medio de prueba de la realidad del hecho imponible”, añade la sentencia.”
Todos los abogados que conozco me dicen que en España existen dos niveles de justicia. Una, la del nivel bajo, que es la que padecemos todos: normalmente recibes lo que mereces. Si defraudas a Hacienda y te pilla, te encausan y te crujen. La otra justicia es la del “nivel alto”. Por “alto” entendemos que tienes mucho, mucho dinero. Entonces, el inspector de Hacienda ya no pinta nada, es sólo un auxiliar. El juez o los jueces pueden aplicar su “propia percepción y racional ponderación”, que es algo muy estimable pero no sé exactamente qué pinta en un juicio. Este caso es un ejemplo, pero la justicia está llena. Las cesiones de crédito del señor Botín o el pelotazo de los Alcocer en Chamartín. Dos perlas entre muchas del ordenamiento jurídico español.
Al final me he alargado mucho. Pero no se me negará que todo esto es digno de un buen guión. Uno de esos donde el delincuente, majo e interpretado por Estif Makuín o Yors Cluni, siempre escapa de la policía y se lleva el botín y la chica a casa.
Pero esta vez real como la vida